Gustav Mahler - Das Lied von der Erde
Piano Version

La entrada es apenas más barata que la muerte.“ No existe obra musical alguna que se aproxime más a esta genial frase de Theodor W. Adorno que la Canción de la Tierra de Gustav Mahler. Su tema y factura interna, es decir, las rupturas, disociación e intensidad, trémolo y pulsación son elementos claves que hacen que esta obra penetre hasta la médula.


Gustav Mahler escribe su Canción de la Tierra en 1908, en el conmocionado ocaso de su vida, marcado este por la muerte de su amada hija con 5 años, por sus serios problemas de salud, su conflictivo adiós a la Opera de Viena y por el inicio de su gira por  Estados Unidos, tal así que antes de su muerte acaecida en 1911, no llega a asistir ni al estreno de la obra para orquesta, ni al de su versión manuscrita para piano.


La consecuencia fue que la versión para piano desapareciese de la vista del público quedando en manos de Alma Mahler (quien posteriormente legase su autógrafo a Otto Kallir). Su estreno tiene lugar recién en 1989. Desde entonces casi ningún pianista se ha atrevido a interpretar esta obra, bajo la justificación de que la versión orquestal ya se ha establecido mundialmente como una obra de trascendencia desde larga data. Pero esta limitada interpretación es errónea. Mahler escribió deliberadamente dos versiones diferentes, como también lo hizo en las otras composiciones de canción. La versión para piano debe ser considerada como una obra independiente, la cual indaga en profundidad las posibilidades sonoras del instrumento, y no como partitura para piano la cual también fuera encargada por Mahler.


Y aún más: tan excepcional es la obra en la literatura para piano de principios del siglo XX, como largo es el tiempo que esta obra permaneció oculta. Siempre llegando al extremo de la dinámica musical, al borde de lo ejecutable, de lo sonoramente realizable. Mahler ubica nuestra grabación en la tensión entre el gran canto dramático y el despertar del expresionismo del siglo XX. Mahler crea con la Canción de la Tierra su propia forma entre canto y sinfonía: grandes escenas musicales formales, "baladas de la derrota" (por citar de nuevo a Adorno).


El pianista y dirigente Christian Kälberer junto a la mezzosoprano Alexandra von Roepke y al tenor Peter Furlong transitan ese camino musical directo y desprotegido, musique directe, como camino de una dialéctica de la ilustración. Tal como escribiese Mahler sobre esta composición en una carta a Bruno Walter: „Creo que es lo más personal que he hecho hasta ahora“. Por aquel entonces, inseguro acerca del nombre que le daría al conjunto, le dio a esta obra tan íntima el título más remoto posible: La Canción de la Tierra. Ella transita la totalidad de una filosofía en su consecuencia musical y dramática; así como sólo las más grandes, las más brillantes obras de arte pueden hacerlo.